
VI
El almacén de Mirta cierra a mediodía
(y ya no hay nada que hacer
salvo
una revolución)
A medio hacer tu casa se levanta
entre calles de tierra y charcos donde se reúnen
a conspirar los perros y los niños
aparece el sueño del mar, su posibilidad
se insinúa apenas en el pliegue
del papel con el que armaste ese tabaco
me decías que nos podemos ir
como esas cosas que dicen
distraídamente en la cocina
los hombres y las mujeres
que se aman o que no se aman
Para llegar al mar se necesita
demasiada imaginación
I
Tiré a las crías que nacieron muertas
en el basural de enfrente
y luego perseguí a la perra
Quise calmar su desmesura con razones o palabras
apenas migas al estómago voraz de toda pérdida
puse entonces mi cuerpo como un dique
y vi cómo ese gesto nos unía
fuimos esa tarde dos los animales
que en el centro del duelo se medían
fue preciso que mi sangre
nos mostrara por fin la diferencia
*
cuando murió el último cachorro
mi hija -que no era mi hija-
miraba desde lejos
Me acerqué como si pudiera
conjurar la tristeza tapándole los ojos
el truco de magia
pronto reveló su insuficiencia
mis manos incapaces se mojaron
Entonces le pedí que me ayudara
con la perra enloquecida
vi que el sol
vino a cerrar un pacto
entre las manos
de la madre que no fue
de la hija que no era
sujetando a un animal
que todavía no se resignaba.
Para después de la mudanza
Se mueven las cajas
y se desacomoda
el pasado de otra
Detenida ante el azar
y el caos
es cierto que una
intenta recordar
cómo se reza
-falla-
Desde un agobio amasado
por todas las tardes de verano
se recuesta a mirar ese desorden
como a un paisaje
o una desolación
tontamente sonríe
como si fuera libre
Reimpresión
Hay un charco de agua sucia
que sostiene
al cielo
Una nube que interrumpe
el reflejo que deshago con un paso
Hay otra tarde en el charco
donde
otra mujer
me invita a ahogarme
No importa
no
pero dependo de eso