
Cuestiones cotidianas II
Dos cucharadas de sal, una pizca de pimienta, aceite de oliva. Dejar marinar un rato antes de llevar al horno por 45 minutos a 180 grados de temperatura.
Creo que con esta receta va a quedar bien. Espero que no sea una carne muy dura.
Es un poco raro tener que cocinar a alguien que conocías, que de alguna manera tenías una relación cotidiana. Yo en el fondo lo quería, pero bueno… la relación comenzó a tener rispideces y roces que con el tiempo ya no pudimos subsanar y todo se fue dando de una forma tan natural que podría decir que no tuve opción.
También es válido decir en mi defensa que ya estaba viejo y no le quedaba mucho tiempo más en este mundo. Ojo que no me estoy justificando, lo que sí, era claro que la tensión ya era insostenible y llegamos al punto donde era él o yo.
Espero con toda el alma que Gladys no se dé cuenta y piense que se perdió y murió por ahi, porque la verdad que no me gustaría pelear con mi vecina, despues de 30 años de amistad y de compartir tantos momentos en el barrio, viendo crecer a nuestros hijos y ahora a nuestros nietos, sería una lástima.
Por eso la invité hoy a casa a ver si repunta un poco, porque desde que se perdió el perro ─bueno, está bien, después que maté a su perro─ esta media bajoneada y como buena vecina la voy a invitar a cenar. Ahora que lo pienso también es raro que la invite a comer a su propio perro y de alguna manera sea cómplice del hecho, ya que me estaría ayudando a desaparecer la evidencia del homicidio (o perricidio).
Pero siempre me pasa lo mismo, me cuestiono todo. La psicóloga tiene razón cuando me dice: Susana, soltá esos pensamientos. Tengo que dejar fluir las cosas y no poner en duda todas mis acciones. Ya sufrí mucho por todos los cuestionamientos que me hice por el accidente que ocurrió con el canario de Carlos y con Manchita, esa gata arisca de Raquel.
¡Así que no se habla más! Hoy cenamos con Gladys un rico Tobi al horno con papas.