
Mañanitas de sábado
Jugué varios partidos los sábados de mañana, con amigos, con mis clubes, por diversión o por campeonatos. Hice muchos viajes también, unos placenteros otros no tanto.
De los que no me complacía hacer, me gustaba sí, el lugar al cual llegaba; claro que, solo una parte.
En ese lugar hice mis mejores atajadas y viajé a los lugares más lindos que cualquier niño pueda imaginar. En un lugar en donde todo era gris y encierro, yo vivía libre y en colores.
¿Te acordás las voladas a un lado y otro? ¿Y los rezongos con cariño porque no agarraba la pelota de gorra que me tirabas a colocar una y otra vez?
¿Te acordás los días de lluvia? Ahí me hacías viajar al mundo de los cuentos y la fantasía; y fue en ese sótano, transformado a medias en lugar para niños, donde me enseñaste que los cuentos, si los transmitís con el alma, duran toda la vida; y las palabras, al tocarte el corazón, quedan escondidas ahí dentro, protegidas de los que quieran dañarlas; así como la sensitiva protegió a la abejita de la víbora en aquella noche de frío y lluvia.
Por esto y por muchas cosas más, es que las mañanitas de sábados guardan un gran significado para mí.
¡¡¡PAPO, TE QUIERO MUCHO!!!